Un profesional de la la tele -no recuerdo ahora de qué cadena si la 3 o la 5- se refirió al papa como "el buen hombre" al poner voz a la noticia de que le habían ofrecido una gorra como recuerdo de los campeonatos de natación que se han celebrado en Roma. Yo creo que no hubo maldad en la denominación, sino cortedad, porque, para ser malo, hay que pensar y ése me parece un esfuerzo superior a las posibilidades del locutor que, generalmente, lee lo que le ponen delante.
A partir de ese telediario no he vuelto a ver la cara del mamífero en cuestión. No sé si porque lo habían contratado para ese momento concreto o porque las pruebas de su ineptitud para el cometido que se le había asignado eran abrumadoramente contrarias a su continuidad en el puesto. Parece claro que esas familiaridades no se las debe permitir un profesional que se precie de serlo y la cadena corría el riesgo de que se hubiera referido a cualquier personaje de renombre con el apelativo de "tontolaba", "gilipollas" o cualquier otro que le hubiera venido a la cabeza en ese momento.
Hay cosas que no deben decirse porque la convivencia se basa en no decir todo lo que queremos a cambio de no vernos obligados a escuchar lo que no nos gusta. Ya lo verán cuando se haya generalizado la noticia de que el TSJ de Valencia ha archivado el caso sobre los trajes de Camps y las acusaciones a los otros.
Ahora empezarán los recursos para llevar ante el Supremo el caso de presunta corrupción; pero ya hemos hecho cada uno nuestro juicio acerca de la culpabilidad o la inocencia de los acusados, gracias a las filtraciones a la prensa.
Mientras tanto, los casi cinco millones de parados siguen ahí y nadie de los que deben hacerlo tiene el cuajo necesario para abordar el problema. Y ése sí que es un problema.
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