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> La previsión y los imprevistos. Cosas de jubilados <

Uno se lo veía venir. Nos vendieron desde hace mucho tiempo que lo de la Seguridad Social era algo seguro, pero ¡cá! Y por eso suscribió su correspondiente plan de pensiones para que no le cogiera desprovisto eso de la jubilación. Pero resulta que de los planes de pensiones, cuando se recuperan, el Estado -este Estado que prefiere ser rico a costa de que los ciudadanos seamos pobres- se lleva una parte importante de lo que ha quedado, sea acertada o no la gestión de los que han tenido el dinero durante un tiempo. Tiene uno la sensación de que si hubiera metido en un calcetín el dinero que metió en el plan de pensiones hubiera salido ganando, porque si al mordisco que le pega el Estado se añade que una vez sacado tienes que invertirlo en algún sitio y si, encima se da la circunstancia de que lo que compraste a veinte, vale cuatro cuando intentas venderlo, pues la cosa deja de tener gracia y empieza la bilis a ganar terreno en las tripas de cada cual.
Entonces, uno se da la vuelta, con cara de tonto y el bolsillo escurrido y empieza a buscar culpables del desaguisado en el que se está viendo envuelto. Para colmo, llega Hacienda, muy digna y muy circunspecta y le dice que no ha dicho en la declaración todo lo que tenía que decir y uno, que es pastueño y de buen conformar, agacha la cabeza y se queda sin un euro en las reservas para lograr pagar el tremendo delito que ha cometido. Siempre nos quedará París -piensa para sí el pobre imbécil- o lo que es lo mismo, la pensión de la Seguridad Social; pero ¡ay! esa pensión tiene poco de segura porque depende del capricho de los gobernantes, señores que sabemos que hacen todo en bien nuestro incluso lo que nos hace mal, y te bajan la pensión. Si llegar a fin de mes de una manera digna con lo que dicen que es aquéllo a lo que tienes derecho, cuando te descabalan las cuentas, por poquito que sea, se te queda el culo del tamaño de un "cos" de aguja y se convierte en un ejercicio de funambulismo vital en el que uno quisiera ver a los señores que determinan cómo han de ser nuestras vidas, qué hemos de comer, en qué lugares podemos fumar, cómo hemos de conducir y, dentro de poco cómo hemos de satisfacer nuestras pulsiones sexuales.
Mientras tanto, ve a su alrededor, que todo el mundo vive y triunfa y gasta y recibe los parabienes de los eximios padres y las eximias madres de la patria y todo el mundo gana un pastón sin más que decir cuatro chorradas en la tele y calentar el asiento en los ¿diecisiete? parlamentos del Estado y todo el mundo se afilia a un partido político que se dedica a decir tonterías y a marear la perdiz del sentido común con la justicia, con la economía, con las nacionalidades, con ... la madre que los parió y perdón por el modo de señalar, pero es que ya me tienen hartito. Porque la bilis sigue creciendo y se escucha en muchos sitios preguntar: ¿cuándo salimos a la calle y echamos a éstos? Pero hay que abandonar cualquier esperanza; éstos y los otros están dedicados a vivir a costa de los que agachamos la cabeza en lugar de sacar la faca y destripar a unos cuantos, y van a segui haciéndolo. De molinero cambiarás... Ya escribiré otro día, que me voy calentando y no conviene para la buena salud del alma ni para dar cuartos al pregonero de manera impropia.

2010-01-29, 19:39 | 0 comentarios

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